miércoles, 19 de marzo de 2008

La culpa, como siempre, del informático

Pues sí, parece lo más fácil, aunque no siempre lo más efectivo. De vez en cuando aparecen noticias relacionadas con un error informático. Como aquel jubilado que dieron por fallecido en un centro médico madrileño cuando, por error, un operador marcó la casilla errónea en la aplicación de gestión de pacientes. Claro, el error no fue de la persona que utiliza el programa. El error fue informático, porque el programa tiene que saber qué quiere hacer el usuario y avisarle si comete un error: ¡Eh! ¡Que no se ha muerto! ¡Que sólo se ha jubilado!

Pues ahora le ha tocado al informático de un partido político, concretamente al responsable de la web de Ciutadans. Al margen de análisis políticos más profundos de los resultados de las pasadas elecciones, llama la atención que un partido que fracasa en sus intenciones de obtener representación en el Congreso de los Diputados, en lugar de hacer un análisis crítico con las propuestas presentadas, y buscar responsables en los dirigentes, van y se cargan al webmaster.

Y yo que pensaba que lo que votábamos eran propuestas políticas, y ahora resulta que lo que importa es la web.

Verlo para creerlo ...

martes, 26 de febrero de 2008

Sigo por aquí, no me he perdido

Post de recordatorio. No me he olvidado de que tengo un blog. Lo que pasa es que últimamente estoy bastante liado. Espero novedades para los próximos meses, y eso me tiene bastante ocupado.

Pero tranquilos, que sigo aquí, vivito y coleando :) :) :)

sábado, 2 de febrero de 2008

El tiempo perdido

Cuando tú no estas las mañanas se tiñen de canciones tristes. Así comenzaba Manolo García su Nunca el tiempo es perdido. Pues yo niego la mayor. Sí, hay veces en que el tiempo es perdido. Llevo un par de años perdiendo el tiempo. Y el problema de perder el tiempo no sólo es no llegar a tu objetivo, sino que mientras pierdes el tiempo, estás cerrando puertas sin quererlo. Porque igual que correr hacia los pozos no quita la sed, correr hacia la luna no te acerca a ella, ella siempre está allí arriba, lejos, inalcanzable. Perder el tiempo en intentar llegar a ella no es más que eso, una pérdida de tiempo. Estoy cansado. Quizá llega la hora de mirar hacia otro lado, replantearse qué luna quiero, y comenzar de nuevo. Resetearme. Es hora de abrir las puertas de par en par y olvidarme de querer llegar a la luna. Todos sabemos que aquello fue una invención de la tele.

Y ya puestos, aquí os dejo el vídeo de Nunca el tiempo es perdido para que lo disfrutéis. A mí, hoy, no me apetece:

sábado, 26 de enero de 2008

Estrategias de carreras

Últimamente tengo la sensación de estar participando en una carrera de obstáculos. Pero una carrera diferente. Una carrera de la que desconozco la distancia: no veo dónde se encuentra la meta. Tampoco veo al resto de corredores. Sólo sé que el juez ha dado el pistoletazo de salida y ahí estamos, corriendo todos tras el mismo objetivo, que sólo uno conseguirá.

Entonces, en una situación como esta, ¿cuál es la mejor estrategia a seguir? Por un lado, puedes plantear una estrategia agresiva. Salir a comerte el mundo. En este caso puede pasar que la meta esté demasiado lejos para mantener el ritmo toda la carrera y lleguen antes que tú a la meta, si es que llegas. Por el contrario puedes asumir una estrategia conservadora: lento, pero seguro, midiendo cada paso que das, no sea que te pases de la raya y entonces sí: zurriagazo seguro. Pero esta también tiene sus inconvenientes: puede ser que vayas demasiado despacio, pensándote cada uno de los pasos que das, y que así tampoco llegues a la meta el primero. Como decía antes sólo uno será el campeón de la carrera. Llegar a la meta, si no eres el primero, no sirve de nada.

Y yo me pregunto: ¿qué manía tengo con ver siempre el vaso medio vacío? ¿Por qué de ambas estrategias sólo veo los puntos negativos? Quería saber cuál era la mejor y con tanto rollo sólo puedo llegar a discernir (si es que acaso lo consigo) cuál sería la menos mala. ¿Queréis decir que no hay aspectos positivos en ninguna de las dos estrategias? ¿Tan complicado está ganar la carrera?

(Imagen: Braulio Llamero - El Peatón)

martes, 15 de enero de 2008

Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr

Hola! Tengo ganas de escribir, de gritar, de escapar de este agujero en el que me encuentro... Pero no sé qué decir... Me acabo de encontrar con la letra de una canción de El último de la fila, grupo que además de ser unos de los históricos de la música en español, también siempre han escrito grandes letras. Aquí os dejo esta:
Lo que tengo lo llevo conmigo
en esta absurda bolsa y en este absurdo cuerpo,
lo que quiero está siempre tan lejos
quizá al final de este absurdo camino.
A veces, cuando el sol se va,
tiñendo de violeta la esquina del mar
comprendo que nunca tuve nada y que
muy probablemente nunca lo tendré.
Uuuuh!... Sólo el beso de tu voz en el alma.
Uuuuh!... Y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.
Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévame, aire del camino,
hasta donde nadie me pueda encontrar.
A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar,
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
Uuuuh!... Cuántas veces soñando despierto.
Uuuuh!... Creo verte entre la multitud.
En algún lugar alguien debería escribir
que este mundo no es más que una enorme piedra redonda.
Me siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
Y en tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévanos, aire del camino,
hasta donde nadie nos pueda encontrar.

Y si la queréis oír, aquí el vídeo de una actuación en directo de 1988:

martes, 8 de enero de 2008

El anti-informático

Esta tarde me han dicho algo que no me habían dicho hasta ahora: "Tú, tú lo que eres es un anti-informático". ¡Toma ya! Y no os podéis imaginar lo bien que me he quedado después de que me hayan dicho eso. Y eso que soy "informático".

Y es que a mí el tema de los clichés siempre me ha tocado mucho, mucho las narices. Se supone que si tienes una edad determinada, o tienes una determinada profesión, o vives en un determinado barrio... pues ya está, ya estás perfectamente definido. Y lo siento mucho, pero no. Las personas somos individuales, eso lo tengo claro desde hace muchos años. Por eso, siempre intento huir de los estereotipos.

Sí, soy informático, ¿y qué? ¿Acaso por ser informático tengo que ser un fanático de la saga de Matrix? Saga, por cierto, que no me gusta. Pasé de ver la tercera parte porque, simplemente, me daba igual como acabara la historia.

Luego también tienes que conocer todas las novedades de cualquier armatoste que salga: móviles, consolas, ordenadores, cámaras fotográficas... Como eres informático, pues tienes que estar al día de todo tipo de artefacto. ¡Pues no! Tengo un PC que hace más de un año que tengo que cambiar, y ahí sigue... Tengo un cutre-teléfono-móvil que ni tiene cámara ni nada que se le parezca, pero que para llamar y enviar semeses tengo de sobra... Tengo una cámara fotográfica digital de fotos, pero total las fotos siempre me salen borrosas... Ah! Y no, no tengo consola ni nada que se le parezca... Los video-juegos siempre me han aburrido.

Pero ya os digo... estoy encantado de ser un anti-informático. Así, siempre hay espacio para las sorpresas. Porque quien crea que por ser informático ya sabe cómo soy... uf! lo lleva claro :)

martes, 18 de diciembre de 2007

Maribel y la extraña familia

Si el anterior post iba de cine, ahora le toca el turno al teatro. Y es que el sábado pasado fui a ver la obra "Maribel y la extraña familia", de Miguel Mihura, interpretada por el Grup Escènic Atenea bajo la dirección de José Ema. El escenario, el salón de actos del Instituto donde estudié hace... buf!! muchos años, lo dejaremos así.

La obra nos explica la "redención" de una prostituta que pasa a formar parte de una tradicional (aunque extraña) familia madrileña llegada del pueblo (en este caso, de uno de Cuenca) a mediados del siglo XX.

Es una historia atemporal, que trata de una manera cómica los prejuicios, la mezquindad que demostramos ante las personas. Esas primeras impresiones que tenemos y que hacen que prejuzguemos al prójimo de una manera ruin y miserable. Y es que cada vez más tendemos a no confiar en las personas. Aún menos, si estas personas nos demuestran candidez, inocencia, bondad... No puede ser tan bueno como parece, seguro que nos está engañando y esconde un oscuro pasado, lleno de maldades, vilezas, ...

Vaya, que hacía tiempo que no iba al teatro (algo que hago menos de lo que me apetecería) y esta ha sido una buena oportunidad para volver, y de pasar una tarde agradable y divertida, aunque hiciese algo de frío, eso sí. Por cierto, habría que ser más justo con una expresión artística tan poco valorada como el teatro. Con un escenario, un mínimo decorado, y un grupo de personas con ilusión, ganas de trabajo y, no nos olvidemos, un gran talento, se pueden conseguir resultados asombrosos. Y no es necesario gastarse cantidades ingentes de dinero en superproducciones cinematográficas llenas de efectos especiales.

Y ya para acabar, no quería olvidarme de algo que le pasó a alguien a quién quiero, un rato después de salir del teatro. Por suerte, aún no nos hemos convertido en máquinas, aún somos personas. Aunque cada vez nos parezcamos más al Mr Spock de Star Trek, aquel personaje que aplicaba la lógica a todos sus actos, pero que no tenía sentimientos. En ocasiones, aunque tenemos las ideas claras y nuestra cabeza nos ordena no hacer algo, lo acabamos haciendo. ¿Por qué? Porque nos lo dicta el corazón. Cuando tenemos ilusiones, esperanzas, aunque pensemos friamente que nos equivocamos, nuestro corazón nos obligará a intentar cumplir con esas ilusiones. Y eso, mientras no sobrepase ciertos límites, no es nada malo y, además, nos hace más personas. La vida, de vez en cuando, nos da reveses... El sufrimiento, aunque a nadie nos gusta sufrir, es un sentimiento más de la vida, que tenemos que sentir, y superar. Nosotros no somos culpables: el sentimiento de culpabilidad aquí no tiene ningún sentido, simplemente somos personas, no somos (y espero que nunca seamos) máquinas lógicas incapaces de actuar de corazón. Y todo esto lo escribo por ti, tú sabes quien eres. Ánimo. Un besazo, de corazón ;)